jueves, enero 26, 2006

La Vieja se Levanta

El ataque furtivo de anoche al refrigerador no fue de lo más afortunado.
La mezcla estomacal de leche chocolatada y de ciruela logró un efecto poco esperado en un tipo como yo que jamás ha tenido problemas con las mezclas alimenticias de ningún tipo.

Y el gallo me sorprendió sentado, sufriendo y maldiciendo los efectos y retorcijones que me desraizaron tempranamente de mi cama.

Los pájaros también entonaban su canto mañanero y poco a poco la luz descubría siluetas que lograba divisar por la pequeña ventana.

El confort era suave.
Elite con ositos celestes.
El confort no se iba.
Titaba y tiraba.
Nada pasaba.

En realidad, el problema no era el papel, si no un resto del resto procesado de mi ataque al refrigerador.
Tres o cuatro estanques.
Nada.
Tres o cuatro atentados ruidosos a los ocupantes de la casa.

Y los pájaros seguían con más fuerza su canto, el gallo bajaba un tono, las olas del lago reventaban cerca, la luz comenzaba a devorar todo.

Y yo, sin ninguna posibilidad de volver a cerrar un ojo.
La playa a un paso. Un saco de dormir a la vista. La salida del sol acercándose rápidamente.

Hoy desperté con el sol en mi cara.
Fuerte.
Cancerígeno.
Me duele el estómago.

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