
Es verano y el ambiente está tibio en Santiago.
Regresé a mi casa enchufado al Ipod escuchando tristezas de música.
Las micros pasando, la penumbra del atardecer.
La pausa del semáforo en rojo. La pausa del pensamiento.
Quise trasladarme a esa misma escena, a la misma esquina, pero en un lluvioso Santiago de invierno. Cuando las luces se reflejan en el pavimento mojado y la lluvia atrapa los colores luminosos casi en camara lenta. Vapor de mi boca, frío en las manos y la cama esperando por mi. Para hundirme en ella.
Y la música destrozando mi cabeza.
El autodestrozo, la autoflagelación musical. Esa tortura a la que recurro cuando ando triste por la vida, un clasico de todos los tiempos. Sufrir cuando ya no hay que sufrir.
Del terremoto a la reconstrucción... y asi es el ciclo, siempe.
Como dice el cliché, al mal tiempo buena cara. Como dijo Glup, el cliché tenía escondido un paragua.
En fin. El fin.
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Si yo tengo tan buen humor pues.
1 comentario:
no te acostumbres...la sobre tristeza a veces se convierte en un mal hábito...no es una cátedra, algo así como: me lo digo a mi misma todo el tiempo.
Suerte papichuliento!!!
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