jueves, enero 24, 2008

Centelleándome


Es verano y el ambiente está tibio en Santiago.

Regresé a mi casa enchufado al Ipod escuchando tristezas de música.
Las micros pasando, la penumbra del atardecer.

La pausa del semáforo en rojo. La pausa del pensamiento.

Quise trasladarme a esa misma escena, a la misma esquina, pero en un lluvioso Santiago de invierno. Cuando las luces se reflejan en el pavimento mojado y la lluvia atrapa los colores luminosos casi en camara lenta. Vapor de mi boca, frío en las manos y la cama esperando por mi. Para hundirme en ella.

Y la música destrozando mi cabeza.
El autodestrozo, la autoflagelación musical. Esa tortura a la que recurro cuando ando triste por la vida, un clasico de todos los tiempos. Sufrir cuando ya no hay que sufrir.

Del terremoto a la reconstrucción... y asi es el ciclo, siempe.

Como dice el cliché, al mal tiempo buena cara. Como dijo Glup, el cliché tenía escondido un paragua.

En fin. El fin.
.
.
.
Si yo tengo tan buen humor pues.

1 comentario:

Beattori dijo...

no te acostumbres...la sobre tristeza a veces se convierte en un mal hábito...no es una cátedra, algo así como: me lo digo a mi misma todo el tiempo.

Suerte papichuliento!!!