Me encanta tirar matamoscas spray y luego ver como su vuelo de las moscas se aletarga, sus movimientos se desesperan y comienzan a caer lentamente hasta agonizar en el suelo.
No sé como me siento. No sé si es super bien o normal. Lo más claro es que super mal o mal no es. En todo caso, las posibilidades de descubrimiento se encaminan por una buena vía, lo que descubra estará bien.
El gran problema está en el equilibrio, por un lado me mando condoros en el trabajo y por otros lados la vida me anda sonriéndo y yo a ella. Mis amigos se reafirman y trato de disfrutarlos, aunque a veces fallo... pero eso es normal también. Mi viaje se acerca y me impaciento, se que me costará partir, levantar el dedo, cerrar los ojos con miedo, con espectativas, con valentía y arrojo... esperando que todo salga bien.
Queriéndote también.
Y la cosa de los equilibrios a veces se pone desiquilibrada, porque en realidad a mi, a estas alturas, me importa un poco el comino mi trabajo... trabajo que es reemplazo y asi me han tenido por varias temporadas desde el 2004. (y la Maru me dijo que no tenga culpas, y yo le creo a la Maru) (las culpas se deben sentir cuando las cosas importan y sólo por un momento pequeño, porque acabado ese momentito hay que empezar a trabajar para solucionar los problemas... me imagino que lo peor de la vida es vivirla con las culpas dando vueltas por ahi, por acá, por allá y por todos los lados inimaginables que no tienen nada que ver con ellas).
Ahora si sé como me siento, me siento super bien. Alegre, sonriente, contento... triste a veces, pero eso también me gusta porque es una tristeza que viene de la alegría.
Igual creo que uno de mis grandes problemas es que le pongo mucho a la onda de empinar el codo... entre otras cosas que a veces siento tan fáciles de identificar.
Tampoco sé muy bien cual es mi misión... pero eso si que es un pelo de la cola... un pelito.