Lunes 10 de junio del 2002
Ayer mi casa despertó tarde, con la mañana de gloria más brillante que nunca.
Los ojos pegados, rojos, llorosos. Con Daniel (mi amigo de Osorno) y José (mi compañero de casa) hicimos un asado, una forma de recomponerse pero, creo, quedamos más descompuestos que al comienzo.
Ayer estuvimos todo el día en la cuerda floja. Un día redondo de gloria.
Y hoy me desperté rápido, el reloj decía que era tarde para algo más que lavarme los dientes.
La micro llena, el frío que quemaba y otro día de Duoc a mis pies (En el Duoc estudio).
Soy vanidoso y eso me gusta.
Creo que lo primero que hago cuando llego es mirarme al espejo y saparme las sobras de caspa del pelo (hace tiempo debería haber ido al dermatólogo).
Mi reflejo de hoy es textual, dice de mi, de como me siento, sucio, cansado, desganado, atemorizado. Tengo ojeras, caspa, barba y un tajo en mi frente que apareció extrañamente después del sábado. Hay cosas que no deberían pasar para aprender, pero creo que aprender es aprehender, tomar las experiencias como lección de vida... suena obvio... o casi, y el casi es lo más difícil. Es un proceso doloroso a veces y ese mismo dolor es el que lleva a cuestinar las cosas que han pasado, a cuestionarse. Mirar para atrás y darse cuenta. Tomar lo sucedido, reciclarlas y sentir que todo puede cambiar aunque quede una cicatriz en la frente.