
Santiago me encanta.
Santiago en bicicleta.
Me muevo y recorro. Sin darme cuenta estoy en distintos lugares a la vez.
Me siento en las placitas, a veces con miedo a que me roben la bicicleta, a veces sin miedo y me desaferro de ella.
Y parto nuevamente, por las veredas lisas de Lastarria, esquivando gente y poniendo cara de velocidad. También me gusta andar con casco porque me siento lolein, aunque me dijeron que me veía perno, y a mi a veces me da lo mismo lo que me dicen. Por que? porque soy lolein.
Y sigo pedaleando con mi rictus veloz, pasando cambios, esquivando peatones, saltando a la calle, esquivando micros, adelantando autos, autos adelantándome... y más pedaleo y más susto con el tremendo transantiago que viene tras mío y que me puede hacer volar lejos... y como soy tan flaquito si que volaría... ¿tal vez a los cielos?... tal vez.... eso sería algo así como la muerte. Pero aún no decido eso. En realidad nunca lo voy a decidir. (andaré más por la vereda).
Y otra vez me detengo y escucho cantar a un viejo emparaguayado Rosa, Rosa tan maravillosa de Sandro y se prende otro paragua. Y su amigo cruza la plaza y tras unas matas saca una bolsa negra con un alcohol en su interior (eso me imagino) y por un momento se me hace agua la boca. Otra nena espera a su pololo (también me lo imagino) fumándose un cigarro con cara de contenta, quizás está enamorada si es que el señor que viene en camino es su novio. Y prendo un cigarro.
Y la gente pasa, es la hora en que salen del trabajo y vuelven a sus casas o tal vez van a un barsucho a tomarse una cerve u otra cosita más fuerte (me carga ocupar la U al lado de las O)... bueno, también pueden ir por un café con galletitas.
Y me da frío y pienso en el café que esas gentes eventualmente pueden ir a tomarse.
Reviso mis bolsillos ingenuamente (ya están más que revisados) y lógicamente no hay nada... es lo mismo que pasa cuando el refrigerador esta vacío hace tres semanas y lo reviso por inercia de vez en cuando... sólo aparecen condimentos, sobrecitos de mostaza, ketchup o mayonesa de alguna comida rápida (generalmente vencidos)... también hay uno que otro cilantro pegado, negro en el fondo. Y no queda más que imaginar que podría estar lleno o que estuvo lleno. Ahí es cuando el hambre aparece con cara de asesina mostrándote la tremenda hamburguesa casera rebalsante de palta. Plata.
Al menos ya no tengo refrigerador.
Asi con la bicicleta y Santiago.
Terminaron en el refrigerador.
Y yo, criogenizado.