lunes, abril 10, 2006

No Quiero Caerme al Barranco

Viernes 7 de junio del 2002

Hoy también llegó Daniel, un amigo de Osorno.
Daniel nos trajo dos botellas de vino, buen vino. Buen vino para el nivel de estudiantes que somos.

En mi casa somos tres, somos de Osorno y creo que no parecemos sureños, pero es distinto no parecer y sentirlo. Super distinto.

Yo me siento sureño, y me siento bien. No he perdido la capacidad de asombro y creo que sigo viendo más allá de mis narices, independiente de mi espiritu autorreferente y un poco individualista, al borde del hedonismo.

No me carga la gente de Santiago, pero siento que son demasiado caballo de carrera, en ningún minuto miran para el lado para ver cosas buenas, sólo para criticar, es obvio, científicamente comprobado, pero me carga. A eso me refiero con sentirse sureño, o provinciano... palabra que acá encanta para referirse a las personas que no son de la gran metropoli. Pero sin resentimientos.

También me apestan los sureños que reniegan su pasado campestre, que ya no van para los fines de semana largos a sus casas porque "Osorno es una mierda, fome, no pasa nada", para ellos es mejor quedarse en la Blondors o en El Vallarta.

A mi me pasa algo (des) agradable cuando tomo el bus a Río Bueno (Río Bueno queda a 38 km. de Osorno), es una especie de sentimiento encontrado. Angustia, alegría, melancolía, sonidos estomacales que dicen más que el hambre típico del bus. En cada viaje las luces me acompañan, las luces del camino que son todas distintas, en luminosidad, en color y, lo más importante, en sensaciones.

Abrir la cortina, ver el vidrio empañado, con las gotas cayendo de toda la transpiración de la gente del bus, mezcladas con el verde del campo y más difuso con la neblina, es el mejor preámbulo. Después me da un poco de frío cuando limpio la ventana con mi mano pero, no importa. Más importante son los pelos de punta, la garganta apretada, los escalofríos al ver a mi mamá bajarse del auto para ayudarme con mi mochila, el abrazo reglamentario, pero con más cariño que un reencuentro de un largo viaje.

En eso se transforma el sur, en rememoranzas de tiempos pasados que perduran, que no se transforman en recuerdo, si no en nuevas sensaciones, en nuevas alegrías (y penas también).

Eso es mi sur.

1 comentario:

Sol de Eva dijo...

no he pasado por acà hace tiempo y me encuentro con eso del sur
yo soy de allá y me gusta ser de allá, no tan al sur eso sí, pero tampoco tengo casa para ir los fines de semana largos... pero soy sureña, provinciana o como se supone que se diga
espero volver por estas páginas, siempre lo olvido, sueño con recuperar la memoria, pero a veces escribir despierta mi nostalgia y me da lata, prefiero sonreir, ya sabes
beso